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Las 20 prácticas habituales de los jefes que más desmotivan |
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Horario laboral
Más horas de las debidas. Alargar el horario en exceso, aunque se remuneren todas las horas extras.
- Poca flexibilidad. Pedir flexibilidad de horario cuando el trabajo lo requiere, y poner mala cara cuando un empleado pide flexibilidad de horario para cuestiones personales.
- Ser impuntual. Tanto con los horarios como con la agenda profesional: citas, reuniones, plazos de proyectos o trámites...
- Demasiado control. Vigilar la hora de entrada y salida de los empleados y lo que tardan en tomar el almuerzo.
- Marcar su propio horario. Organizar una reunión cuando falta media hora para salir. También desmotivan los jefes que se fabrican su propio horario y que exigen a sus colaboradores que, además de haber cumplido con el suyo, estén localizables cuando él está en la oficina.
Falta de reconocimiento profesional
Desconfianza. Exceso de control en lo que hace cada trabajador, pese a que los resultados de esa persona sean buenos.
- Poner siempre la guinda. Dar el toque personal a todo lo que hacen los empleados y poner ‘peros’ sólo para demostrar quién tiene la última palabra.
- Falta de consideración. No dar muestras de agradecimiento explícitas por los esfuerzos extras que realizan los empleados.
- Valoraciones injustas. Desdeñar las dificultades que se plantean al ejecutar una tarea y pensar que son simples excusas del empleado para hacerse la víctima.
Incapacidad para la comunicación
Puertas cerradas. Tener siempre la puerta del despacho cerrada para mantener distancias.
- El patio, en orden. Prohibir hablar a los empleados entre sí para evitar que pierdan el tiempo.
- No permitir que se ponga música, porque, según su particular punto de vista, distrae la atención del trabajo.
- Demostraciones de poder. Dar órdenes que se tienen que aceptar “porque sí” y no favorecer la participación de los subordinados.
- Falsa democracia. Asegurar que todo el mundo pueda expresar su opinión, pero luego tomar nota de quienes no piensan igual que él.
- Cazar al culpable. Montar broncas sin dar posibilidad al empleado para que se explique o castigar sin investigar las causas que han generado el citado problema.
Relación personal conflictiva
Desequilibrio personal. Permitir que el estado de ánimo personal influya en exceso en las relaciones profesionales; sobre todo, si se trata de descargar el mal humor.
- Favoritismos y manías. Dejar que la simpatía o antipatía personal hacia determinadas personas se transfiera a las relaciones laborales e, incluso, promover la creación de bandos: los que son de mi cuerda y los que no.
- Ser jefe sólo para lo bueno. Cuando se producen errores, algunos jefes escurren el bulto, no asumen la responsabilidad y echan la culpa al de abajo.
- Indiferencia. No preocuparse nunca por el estado de ánimo de sus empleados o por su situación personal concreta.
- Promover el peloteo. Quedar siempre por encima de todo el mundo, sea subordinado o no.
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